CRECEMOS CUANDO DEJAMOS IR Y DEJAMOS A DIOS
A diario atravesamos por situaciones en nuestra vida que en nuestras propias fuerzas nos son difíciles de resolver. Son momentos como estos en los que tenemos que aprender a refugiarnos en nuestra máxima autoridad, el Señor Jesús.
Nos acostumbramos a vivir en la seguridad de lo que conocemos y entendemos y por naturaleza humana queremos tener el control de todas las situaciones que enfrentamos. Como nuevas criaturas en Cristo debemos creer y depender de su poder absoluto y es cuando dejamos ir y lo dejamos a El que podemos experimentar la bendición de vivir una vida consagrada y dedicada a su persona.
Crecemos espiritualmente cuando dejamos ir, y logramos comprobar que nunca estamos solos porque somos uno con Dios; nuestro amparo, protección y Salvador.
“Hazme saber el camino por donde ande, porque hacia ti he elevado mi alma”- Salmo 143:8

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